1. Su niñez y juventud

June 24, 2013 in La Última Religión Divina ISLAM

El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le de la paz) nació en Mekka en el año 571 de nuestra era, en el 12º día del mes islámico lunar de Rabiulawwal, un lunes, coincidiendo con el 20 de abril. Pertenecía a la más honorable familia de la tribu del Quraish, tanto por parte de padre como por parte de madre.

La niñez y juventud del Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le de la paz) transcurrió con nobleza y recato, reflejando cualidades propias del brillante futuro que le esperaba. Durante un tiempo fue pastor, y más tarde se dedicó al comercio.[1] Logró una gran fama como persona honesta y digna de confianza, siempre justa en las transacciones comerciales, llegando a ser estimado y respetado por todos.

El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le de la paz) era el mejor de su gente en términos de virtuosidad, el más honorable en relación a su línea ascendente, y el más elevado en cuanto a conducta moral se refiere. Era el que más respetaba las normas de vecindad, la persona más amable y leal, a quien nadie logró superar en credibilidad y confianza. Se mantuvo siempre apartado de la depravación y de hacer daño a otra criatura. Nunca habló mal de nadie ni se enzarzó en disputas o peleas. Dado que Allah Todopoderoso juntó en él las más elevadas cualidades, la tribu de los Quraish solía llamarle “Muhammad al Amin”, es decir, “Muhammad, el digno de confianza”. Hasta tal punto todos sus contemporáneos reconocían en él esta cualidad, que a la edad de 25 años se le llamaba simplemente “Al Amin” (el digno de confianza).[2] Incluso más tarde, los paganos de Mekka solían confiar en él más que en sus propios partisanos.

Cuando se terminó de reparar la Ka’aba, la gente discutía sobre en quién debería recaer el honor de colocar en su sitio al-Hayar-ul-Aswad (la Piedra Negra). Pidieron a nuestro Maestro el Profeta Muhammad que actuara como árbitro en esta situación. Aceptó y con su sabia solución evitó una guerra entre las tribus. Ordenó que se trajera un gran trozo de tela y se pusiera en el suelo; a continuación, él mismo colocó la Piedra Negra en el centro de la tela y pidió a cada uno de los representante de las tribus principales que cogieran un extremo y de esa forma llevasen la tela hasta el lugar donde debía colocarse la Piedra Negra. Así lo hicieron, y cuando llegaron al lugar, el Profeta Muhammad (que Allah le bendiga y le de la paz) colocó la Piedra Negra en el sitio que le correspondía.[3]

Cuando el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le de la paz) cumplió los 25 años de edad, la más noble y respetada mujer de Mekka, Jadiya, le propuso matrimonio. Era una viuda con hijos que tenía 15 años más que el Profeta. Éste aceptó y juntos formaron un hogar familiar lleno de paz y pureza que hasta hoy ha servido de modelo para toda la humanidad. Los primeros 24 años de su matrimonio, años de juventud y energía, los pasó exclusivamente con Jadiya (que Allah esté complacido con ella). Después de su muerte, los siguientes cinco años los pasó con la madre de los creyentes, Sawda, quien también era viuda. Sus posteriores matrimonios dependieron de razones humanitarias y políticas. Si fuera cierto lo que algunos aluden de que sus matrimonios tenían por objeto aplacar su lascivia, el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le de la paz) no hubiera pasado su juventud y madurez con una viuda quince años mayor que él.[4]



[1].      Bujari, Icare, 2; Abu Daud, Adab, 17:82; Hakim, III, 200.

 

[2].      Ibn-i Hisham, I, 191; Ibn-i Sa’d I, 121, 156.

 

[3].      Ibn-i Hisham, I, 209-214; Abdurrazzak V, 319.

 

[4].      Para más detalles sobre la sabiduría que encierra el matrimonio con más de una esposa ver Osman Nuri TOPBŞ, Hazret-i Muhammad Mustafa, Estambul 2008, I, 130-140.