4. Nos Aclara sobre los Descubrimientos Científicos

June 24, 2013 in La Última Religión Divina ISLAM

En el Noble Qur’an hay numerosas ayaat que dan luz sobre algunos de los descubrimientos y avances científicos. Estas ayaat también pueden entenderse como refiriéndose al futuro. El principal objetivo de Islam es el establecimiento de la unicidad de Allah en el corazón de los hombres, y guiarlos al camino recto. Por lo tanto, todos los temas que aborda tienen relación, de una forma o de otra, con este objetivo. No obstante, la información que provee en referencia a las ciencias físicas, sirve como lección para la humanidad, sin estar nunca en contradicción con las verdades conocidas, como se muestra en los siguientes ejemplos.

El Noble Qur’an habla en repetidas ocasiones sobre la reproducción y la formación por fases del embrión, siendo este un fenómeno que sólo muy recientemente ha sido descubierto y comprendido por la ciencia moderna.[1] En su libro sobre embriología, el Profesor Dr. Keith L. Moore, después de explicar los diferentes estados por los que pasa el feto en su formación embrionaria, compara estos recientes hallazgos con la información que ofrece el Qur’an y concluye que es exacta y corresponde con el conocimiento actual de la ciencia, e incluso la adelanta con sus ejemplos y detalladas descripciones. Después de sus muchas investigaciones en este campo, reconoció su gran admiración por el Qur’an y por el Profeta Muhammad (que Allah le bendiga y le de la paz), y reconoció la milagrosa naturaleza del Qur’an. Añadió a la segunda edición de su libro Antes de nacer la información al respecto que fue recopilando del Qur’an. Cuando se le preguntó cómo se podía explicar la existencia de esta información en el Qur’an, respondió:

El Qur’an tiene que haber sido revelado por Allah.[2]

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A lo largo de los últimos años se han ido descubriendo ciertos aspectos del universo hasta entonces desconocidos para la ciencia como es el hecho de que este universo está en constante expansión y que las galaxias se separan unas de las otras a una gran velocidad. Según esta ley que demuestra el poder infinito con el que Allah ha creado el universo, las galaxias se separan entre sí en proporción a la distancia que hay entre ellas. Por ejemplo, una galaxia que está situada a 10 millones de años luz de nosotros se separará a una velocidad de unos 250 kilómetros por segundo, mientras que una galaxia que esté a 10 billones de años luz de la nuestra, se separará a la increíble velocidad de 250.000 kilómetros por segundo.[3] Este fenómeno está señalado en el Qur’an de la siguiente manera:

“Hemos edificado el cielo con solidez. Tenemos el poder para hacerlo.” (Adh-Dhariyat, 51:47)

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El Creador Todopoderoso protege la tierra de los trozos de estrellas (meteoros) que han completado su tiempo vital y que estallan dispersándose en millones y millones de rocas que viajan a una gran velocidad. Jupiter y Saturno, con su enorme gravedad están en posición de actuar como auténticos porteros que impiden que muchas de esas rocas lleguen a nuestra atmósfera y dañen la Tierra. A veces, algunos de esos meteoros logran pasar entre esos dos planetas y aproximarse a nuestro mundo. Entonces, se encuentran con otro guardían, la Luna. Dado que carece de atmósfera, todos los meteoros que caen en la Luna impactan su superficie. Podemos ver los cráteres –grandes y pequeños- que se han ido formando incluso con unos simples binoculares. El resto de meteoros que dejan de lado la Luna, arden cuando entran en la atmósfera, a no ser que sean demasiado grandes. Como resultado de este fenómeno, a veces llamado “estrella fugaz”, los meteoros se rompen hasta transformarse en pequeñas partículas de polvo en la mesosfera antes de llegar a la superficie de la Tierra, convertidas en motas del tamaño de una gota de lluvia.[4] La atmósfera también protege a la Tierra de los rayos malignos que llegan del espacio. Estos fenómenos, de primera importancia, son mencionados en el Qur’an de la siguiente manera:

“He hicimos del cielo un techo protegido. Sin embargo ellos se apartan de Sus signos.” (Al-Anbiya, 21:32)

De esta forma, el Noble Qur’an, por un lado señala las verdades que ordenan los actos y el comportamiento de los seres humanos, mientras que por otro desvela los secretos del universo y nos pide que leamos en él como leeríamos en un libro para que podamos, así, descubrir su funcionamiento.

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Hace catorce siglos, el Noble Qur’an anunció:

“Y enviamos los vientos fecundadores, hacemos que caiga agua del cielo y con ella os damos de beber, pero vosotros no tenéis sus depósitos.” (Al-Hayy, 15:22)

Siglos después de que descendiera esta revelación se ha descubierto que los vientos fecundan las plantas y las nubes.

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De la misma forma, leemos en el Noble Qur’an:

“Ha dejado que los dos mares se encuentren libremente. Entre ambos hay un espacio que no traspasan.” (Ar-Rahman, 55:19-20)

De forma similar se habla de este fenómeno en la siguiente ayah:

“Él es el que ha hecho confluir los dos mares, uno dulce y agradable y otro salado y salobre. Entre ambos puso un espacio intermedio y una barrera infranqueable.” (Al-Furqan, 25:53)

En las últimas investigaciones llevadas a cabo en el Estrecho de Gibraltar donde se encuentran el Mar Mediterráneo y el Océano Atlántico, se ha descubierto que hay como una barrera, una especie de cortina invisible que evita que se mezclen las aguas, de forma que ambas masas de agua preservan su naturaleza original. El Capitán Jacques Cousteau descubrió más tarde que la misma barrera invisible existe en los puntos de encuentro de todos los mares con diferentes estructuras.[5]

El Noble Qur’an es sin duda el más sorprendente milagro, ya que satisface las necesidades del hombre en cualquier época. No hay en Él deficiencia alguna o irrelevancia que pudiera ser criticada. Continúa ofreciendo soluciones allí donde muchos otros sistemas legales han fracasado. Las normas que estableció contienen una gran sabiduría, y  en poco tiempo estableció el sistema político y social más apropiado de cuantos ha conocido el ser humano a lo largo de su historia. En una nación desprovista de ciencia y cultura, a través de un Profeta iletrado, surge un orden perfecto, y en el breve periodo de 23 años cambia la mentalidad y la moral de toda la Península Arábica y, poco después, las del mundo entero.



[1].      Al-Hayy, 22:5; Al Mu’minun, 23:11-13.

 

[2].      Gary Miller, The Amazing Qur’an, pags.34-39.

 

[3].      Prof. Dr. Osman Çakmak, (The Universe was a Seed), pag. 28.

 

[4].      Prof. Dr. Osman Çakmak, El Universo era una semilla, pags. 94-127.

 

[5].      Para más detalles sobre la ciencia y el Qur’an, ver Dr. Maurice Bucaille, La Biblia, el Qur’an y la Ciencia: las Santas Escrituras examinadas a la luz de los conocimientos modernos, Paris.