2. Su Naturaleza Milagrosa

June 24, 2013 in La Última Religión Divina ISLAM

Todos los Profetas realizaron numerosos milagros según lo requería la época en la que vivieron. En el tiempo de Isa (sobre él la paz) la ciencia más desarrollada era la medicina, y la gente más relevante eran los médicos, de ahí que los milagros que realizó estuvieran conectados con esa ciencia, como devolver la vista al ciego, curar a los leprosos o, incluso, resucitar a los muertos. En el tiempo en el que vivió Musa (sobre él la paz) los grandes festivales de magia atraían poderosamente la atención de la gente, por lo que se le concedieron milagros que hacían callar a los magos. En el tiempo del Profeta Muhammad (que Allah le bendiga y le de la paz) la elocuencia y el arte de la oratoria, junto con los recitales de poesía, era lo que más en boga estaba, de ahí que se le concediera el Qur’an, cima de la elocuencia y la perfección de la lengua árabe.[1]

El Qur’an, por su elocuencia incomparable, su belleza de estilo, su perfección gramatical y algunos de los secretos del No-Visto en él revelados, resulta ser uno de los más sorprendentes milagros.[2] Cuando los paganos de Mekka negaron que el Qur’an fuese un libro revelado, Allah les retó a que trajesen, con la ayuda de cuantos quisiesen- algo igual a ese Qur’an:

“Y si tenéis alguna duda sobre lo que hemos revelado a Nuestro siervo, venid vosotros con una sura igual; y si decís la verdad, llamad a esos testigos que tenéis en vez de Allah. Más ni no lo hacéis, que no lo haréis, temed al fuego cuyo combustible son los hombres y las piedras, preparado para los incrédulos.” (Al-Baqara, 2:23-24)

La expresión “… que no lo haréis” denota un sentimiento de seguridad y certeza tal, que sólo puede venir de alguien cuyo poder y conocimiento no tienen límite, es decir, de Allah. Así es, en verdad, pues nadie más que Allah Todopoderoso puede afirmar algo con respecto a los acontecimientos futuros –sobre los que el ser humano no tiene la menor certeza- con tanta rotundez.

Cuando los incrédulos escucharon estas palabras que hacían referencia a su incapacidad, se angustiaron e intentaron por todos los medios desmentirlas, sin conseguirlo.[3] Estas dos ayah se fueron propagando de boca en boca y de ciudad en ciudad, hasta que sus labios se cerraron y sus lenguas guardaron silencio.[4]

Ante la incapacidad de los paganos de Mekka para responder al reto lanzado por Allah, se dedicaron a utilizar la violencia verbal y física contra los creyentes:

“Y dicen los que se niegan a creer: no escuchéis esta recitación, intentad desviar de ella la atención y puede que venzáis.” (Fussilat, 41:26)

De esta forma, daban testimonio –sin darse cuenta- de su rotundo fracaso.

El Noble Qur’an no es ni poesía ni prosa, sino que, antes bien, combina de una forma incomparable, la belleza y el valor de ambas. Hay en Él una belleza que en vano trataremos de encontrar en la poesía o en la música. Cuando se lee repetidamente, no sentimos la monotonía de leer varias veces el mismo texto. Tanto el que recita como el que escucha disfruta de Sus sonidos siempre frescos y nuevos. [5]

El Qur’an tiene una poderosa influencia en los corazones por el mero hecho de ser escuchado. La prueba de ello es que incluso los tres paganos que con más ferocidad trataban de evitar que la gente escuchase el Qur’an –Abu Sufian, Abu Yahl y Ahmes bin Shariq- sin que ninguno de ellos se lo dijese a los otros, se iban por la noche en secreto cerca de la casa de Muhammad (que Allah le bendiga y le de la paz) y escuchaban ensimismados su recitación. Cuando una vez se dieron de bruces uno contra otro, en vez de reconocer la belleza y grandiosidad del Qur’an, se limitaron a censurarse. Esto ocurrió tres noches seguidas, y al final se dijeron:

“No digamos nada de esto a nadie. Si la gente llega a saber lo que estamos haciendo, por Allah, que nos encontraremos en una situación embarazosa y ya no podremos influenciar a nadie”. Después de condenar su conducta, se juraron no volver a hacerlo más.[6]

El Noble Qur’an se dirige a la humanidad entera hasta el final de los tiempos, y lo hace según el nivel de comprensión de cada uno. Muchas de las ayaat del Qur’an fueron entendidas de una forma por los primeros Musulmanes, y de otra distinta por las generaciones siguientes. Esto se debe a que el Qur’an es un libro que contiene diferentes niveles de información y de comprensión, y por lo tanto se va adecuando a las realidades sociales cambiantes, y a los descubrimientos científicos que a lo largo de la historia se han ido desarrollando. En este sentido, es interesante el comentario del gran escritor árabe Mustafa Sadik ar-Rifai:

Uno de los milagros del Qur’an es el hecho de que almacena, con formulaciones conocidas en cada época histórica, verdades que son conocidas en esas épocas y que surgen en el momento apropiado.” (Wahy ul Kalem, Kuwait ts., II, 66)



[1].      Al-Ankabut, 29: 50-51; Bujari, I’tisan 1, Fedailü’l-Qur’an 1; Muslim, Iman, 279. Además del milagro del Qur’an, que continuará hasta el Último Día, el Profeta Muhammad (que Allah le bendiga y le de la paz), al igual que el resto de los Profetas, realizó numerosos milagros que han sido transmitidos en decenas de libros como por ejemplo: Beyhaki, Delaliu’n-Nubuvve (7 volúmenes), Beirut 1985; Ebu Nuayn al-Isfahani, Delailü’n-Nübüvve (2 volúmenes), Halep 1970-1972; Suyuti, (al-Hasaisu’l-Kibra) (3 volúmenes), Estambul 2003; y el libro de 1.000 páginas de an-Nabhani, Huiyyatullah ‘ala al-alamin bi-mu’yizat Sayyid al-Mursalin.

 

[2].      Prof. Dr. M. S. R. al-Buti, Min Ravai’i’l-Qur’an, pag. 125.

 

[3].      N.T. Durante el Renacimiento, muchos intelectuales, filósofos y escritores europeos, al saber de este reto lanzado por Allah, se burlaron y dijeron que ellos podían escribir un Qur’an como ese y mucho mejor. Algunos lo intentaron (entre ellos el famoso filósofo y científico español Ramón Llull) pero no lograron escribir más de seis líneas en el mejor de los casos. Este estrepitoso fracaso se guardó, como siempre suele ocurrir en estos casos, en secreto.

 

[4].      M. S. Rafi’i, I’yazu’l-Qur’an, Beirut 2003, pag. 142.

 

[5].      Prof. Dr. M. A. Draz, an-Nebeü’l-Azim, Daru’l-Kalem, ts., pag. 102.

 

[6].      Ibn-i Hisham, I, 337-338; Tabari, Tarih (Historia), II, 218-219; Ibn-i Esir, Kamil, II, 63-64; Ibn-i Seyyid an-Nas, Uyuni’l-eser, I, 99; Zehebi, Tarihu’l-Islam (Historia del Islam), pags. 160-161; Ibn-I Kathir, al-Bidayah, III, 47; Halebi, Insanu’l-uyun, I, 462.