2. La Limpieza

June 24, 2013 in La Última Religión Divina ISLAM

Islam nos estimula a mantenernos limpios moral y físicamente, y nos enseña la forma más adecuada de conseguirlo. En el Noble Qur’an está escrito:

“…Es cierto que Allah ama a los que se vuelven a Él y a los que se purifican…” (Al-Baqara, 2:222)

El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le de la paz) dijo a este respecto:

Allah es limpio y ama la limpieza.” (Tirmidhi, Adab, 41/2799)

Podemos observar cómo el Profeta Muhammad (que Allah le bendiga y le de la paz), a lo largo de toda su vida, prestó atención a todo tipo de limpieza. Por ejemplo, cuando iba a la mezquita, o a una reunión pública, o visitaba a un Compañero, procuraba ir bien vestido, perfumarse y no comer alimentos que desprendiesen un fuerte olor, como cebollas y ajos, y pudieran incomodar a la gente. Abu Kursafah (que Allah esté complacido con él) comentó una vez a este respecto:

Mi madre, mi tía y yo fuimos a donde estaba el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le de la paz) para jurarle lealtad. Cuando salimos, mi madre y mi tía me dijeron: ‘¡Hijo! No hemos visto nunca una persona como ésta. No conocemos a nadie que tenga un rostro tan bello como el suyo, ni que vista una ropa tan limpia como la suya, ni que sus palabras sean tan dulces como las suyas. Es como si una luz saliese de su boca.’ ” (Haythami, VIII, 279-280)

Islam trajo consigo un sistema basado en la limpieza, la pureza y la cortesía. Nuestro Profeta Muhammad (que Allah le bendiga y le de la paz) dijo en una ocasión:

La limpieza es la mitad de la creencia.” (Muslim, Taharah 1)

Prácticamente, todos nuestros libros de jurisprudencia islámica empiezan con el capítulo dedicado a la limpieza. Como uno de los principios básicos del Islam, hay ciertos actos de adoración que no son permitidos sin antes lavar el cuerpo y el lugar donde se van a realizar. En este sentido, las normas para ir al baño han sido enfatizadas convenientemente. Así, se ordena que no caiga ninguna impureza en la ropa del Musulmán, y que en caso de que cayese debería limpiarse totalmente. El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le de la paz) quiso que sus Compañeros prestasen atención a este respecto diciéndoles:

La mayor parte de los tormentos en la tumba serán debidos a no haber limpiado apropiadamente la ropa de orina.” (Ibn-i Mayah, Taharah, 26)

Islam ordena lavarse las manos, la boca, las orejas, la cara y los pies antes de cada una de las cinco salah que se realizan diariamente (en caso de que entre ellas hayamos ido al baño o nos haya salido un aire), ya que son las partes más expuestas a la suciedad y a los gérmenes. El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le de la paz) dijo a este respecto:

La llave para entrar al Paraíso, es la salah; y la llave para la salah, es la limpieza.” (Ahmad, III, 340)

De esta forma, Islam identifica la limpieza con los actos de adoración, a condición de que cuando nos lavamos tengamos el sentimiento de estar adorando a nuestro Señor.

Otro de los aspectos de limpieza a los que el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le de la paz) dio una gran importancia fue a la higiene bucal. Por ello, recomendó el uso del miswaq (palito que se deshilacha y se convierte en un cepillo de dientes desprendiendo sustancias medicinales para los dientes y las ancías), especialmente cuando hacemos wudu y antes de la salah. También recomendó a los Musulmanes lavarse las manos antes de las comidas y después de haber comido.[1]

Como algo requerido por nuestra naturaleza, el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le de la paz) inculcó en la gente la importancia de circuncidarse, de afeitarse los sobacos y el pubis, de acicalarse la barba y de recortarse el bigote.[2]

De la misma forma que el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le de la paz) prestó suma atención a la limpieza de la ropa, así mismo dio una gran importancia a su pulcritud. Una vez que estaba en la mezquita, entró un hombre completamente desaliñado, el Profeta Muhammad (que Allah le bendiga y le de la paz) le indicó con la mano que se arreglara el pelo y la barba.[3]

Al Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le de la paz) no le gustaba que su ropa desprendiese olores desagradables. Una vez se quitó la túnica que olía a lana después de haber sudado. Nuestra madre Aisha, que nos narró este hecho, también nos informó de que a nuestro Maestro el Profeta Muhammad (que Allah le bendiga y le de la paz) le gustaban las fragancias dulces.[4]

Los Compañeros del Profeta eran hombres muy trabajadores y laboriosos. Trabajaban hasta que era el tiempo de la salah del viernes (salat al-Yumuah), y dejaban el trabajo cuando llegaba la hora de ir a la salah, de forma que el olor de su cuerpo podía reflejar esta situación, de ahí que el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le de la paz) les aconsejase tomar un baño antes de la salat al-Yumuah.[5]

Los Musulmanes han escrito el hadiz “la limpieza es la mitad de la creencia” en bellísimas caligrafías, y lo han colgado en las paredes de sus casas y mezquitas como medio de mantener siempre vivo su recuerdo. El famoso arquitecto “Mimar” Sinan construyó fuentes públicas para beber y baños públicos a todo lo largo del Imperio Otomano para satisfacer las necesidades de los Musulmanes y facilitarles la limpieza y el confort. En todas las sociedades Musulmanas se construyeron baños públicos, no sólo en las ciudades, sino también en los pueblos.

Las casas de los Musulmanes se mantienen siempre limpias. Nunca entran a sus casas con los zapatos puestos. Todo está tan limpio que en cualquier rincón se puede hacer la salah. No existe eso de tener animales domésticos en casa. Ni siquiera permiten tener pájaros en sus hogares. M. de Thevenot comentó lo siguiente con respecto a la limpieza y cortesía de las sociedades musulmanas:

“Los turcos viven muy saludablemente y raras veces enferman. Los problemas de riñones y otras enfermedades que podemos calificar de graves y que tan frecuentes son en nuestros países, allí son excepcionales. Creo que el secreto de haber logrado una sociedad así de sana estriba en los frecuentes baños y en la moderación tanto en la comida como en la bebida. Comen muy poco, y nunca mezclan diferentes tipos de alimentos en una sola comida como hacemos los cristianos.”[6]

El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le de la paz) prohibió terminantemente ensuciar las calles, las plazas donde la gente se sienta a descansar, los lugares donde hay árboles, a lo largo de los muros, y todos aquellos lugares en los que la gente suele pasear o sentarse y reposar. En una ocasión notó que había un esputo en uno de los muros de la mezquita en dirección a Mekka, y él personalmente lo limpió. En su bendito rostro se podía ver manifestada la ira.[7] Nuestro Maestro el Profeta Muhammad (que Allah le bendiga y le de la paz) dijo en otra ocasión:

Las buenas acciones y las malas acciones de mis seguidores me fueron mostradas. Entre las buenas acciones vi el remover los obstáculos de los caminos. Entre las malas acciones vi el escupir en la mezquita y no limpiarlo.[8]

Este hadiz especifica el hecho de escupir en la mezquita, siendo las mezquitas no sólo los lugares donde se adora a Allah, sino también donde se reúne la gente. Los creyentes que son cuidadosos con mantener limpios estos lugares, también lo serán a la hora de mantener limpios los lugares que suele utilizar la gente como las calles, los caminos, y otros. Retirar los posibles obstáculos que en ellos pudiera haber, y mantenerlos limpios son actos ordenados por el Islam. El Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le de la paz) enfatizó este asunto en gran manera. Cuando Omar (que Allah esté complacido con él) nombró a Abu Musa al-Ashari gobernador de Basra, le recordó que entre sus obligaciones, como máximo responsable de la ciudad, estaba el mantener limpias las calles.[9]

Se relató a este respecto una historia que le aconteció a Abu Hanifa. Según parece, un zoroastriano le debía un dinero y Abu Hanifa se dirigió a su casa para cobrarlo. Cuando llegó a la puerta se dio cuenta de que sus zapatos estaban muy sucios, así que los sacudió con tan mala suerte que parte de la suciedad fue a dar en el muro de la casa. Confundido y sin saber muy bien qué hacer se dijo: “Si dejo el muro como está, la suciedad de mis zapatos lo afeará mucho, pero si lo limpio seguro que me llevo parte de la pintura.” Al final llamó a la puerta y cuando salió el sirviente le dijo: “Por favor, dígale al señor que Abu Hanifa le espera en la puerta.” Enseguida llegó el zoroastriano y al ver a Abu Hanifa allí de pie pensó que venía a cobrar el dinero que le había prestado y comenzó a disculparse, pero Abu Hanifa le dijo “eso no tiene importancia” y le pidió que le dijera cómo podía limpiar el muro después de haberle explicado el incidente. El zoroastriano, conmovido por aquella refinada actitud, le dijo: “Antes permíteme que purifique mi alma.” Y allí mismo se convirtió al Islam.



[1].      Ver Tirmidhi, Et’ime, 39/1846.

 

[2].      Bujari, Libas, 63-64.

 

[3].      Muwatta, Shaar, 7; Beyhaki, Shuab, V, 225.

 

[4].      Abu Daud, Libas, 19/4074.

 

[5].      Bujari, Yumuah 16, Buyu 15; Muslim, Yumuah, 6.

 

[6].      M. De Thevenot, Relation d’un voyage Fait au Levant, París, 1665, pag.58.

 

[7].      Muslim, Mesayid, 52; Beyhaki, es-Sunenu’l-Kubra, I, 255.

 

[8].      Muslim, Mesayid, 58. En esa época no había alfombras o nada por el estilo en las mezquitas y el suelo era de tierra o arena. Por esa razón, había algunos que escupían en el suelo.

 

[9].      Darimi, Muqaddimah, 46.