1. La Oración Ritual y su Sabiduría

June 24, 2013 in La Última Religión Divina ISLAM

La salah es una forma de adoración que comienza con el takbir (diciendo “Allahu Akbar”, Allah es el más grande) y termina con salaam o salutaciones. En ella se recitan ayaat del Qur’an.[1]

Allah Todopoderoso ha ordenado al ser humano hacer el wudu, mantener su cuerpo, sus ropas y sus entornos limpios antes de ordenar que se hiciera la salah, se circunvalara la Kaaba o se recitara el Qur’an. Cuando nos detenemos en el acto del wudu o del ghusul, nos damos cuenta de la importancia que Islam ha dado a la limpieza corporal como complemento de la limpieza espiritual; de ahí que todos los libros de jurisprudencia islámica –ya sean básicos o avanzados- empiezan por establecer las normas de limpieza. Así, pues, otro de los beneficios de la salah es que obliga al creyente a mantenerse siempre limpio. Por otra parte, la importancia de la limpieza en la vida del ser humano no necesita de demostración alguna.

Más aún, la salah impide que la gente cometa delitos y que se deje llevar por intereses egoístas o pasiones animales incontroladas.[2] Dado que se realiza cinco veces al día, es el mejor antídoto contra los deseos carnales que impiden que recordemos a nuestro Señor. Doblega las pasiones y los deseos, y constantemente nos dirige hacia el camino recto y las acciones de bien. De esta manera, mientras el creyente hace la salah por Allah, al mismo tiempo está mejorando su vida en este mundo y preparando una honorable estancia en el Otro.

La salah grava en la mente del creyente el hecho de que Allah tiene dominio exclusivo del universo, al tiempo que hace que esta verdad nunca se olvide.

Hacer la salah cinco veces al día salva al creyente de la monotonía de los quehaceres cotidianos y le conforta. Sacándole por unos instantes de sus preocupaciones terrenales, le permite someterse completamente a su Señor y agradecerle todos los favores que constantemente le otorga. Al mismo tiempo, durante la postración, el creyente tiene la oportunidad de sumergirse en su mundo interior. Matt Salesman, un misionero norteamericano convertido al Islam, comentó en una ocasión: “Al hacer la salah hallo una gran paz y serenidad dentro de mí –especialmente en la salah del viernes. El tiempo en el que estoy en la mezquita es muy especial para mí, pues mi corazón se llena de paz.”[3]

Timothy Gianotti, un Musulmán converso, profesor de la Universidad York de Toronto, comentó durante una entrevista: “Es como si capturara la paz cuando me postro. Es como si me sintiera más seguro. Como si estuviera en el país de la paz. Como si volviera a casa después de un largo viaje. Quizás he llegado a Allah. Es todo lo que puedo describir. La salah da paz y serenidad.” [4]

La salah es, pues, el alimento espiritual y un refuerzo para el cuerpo. Es una realidad comprobada que la salah, al hacer que se muevan determinados órganos, numerosas articulaciones y músculos, confiere un dinamismo al cuerpo que actúa como un masaje sobre todo el organismo. Pero la salah es, ante todo, un elemento de equilibrio en la vida de los Musulmanes. El hecho de que deba hacerse un número determinado de veces al día y durante un tiempo fijado, hace que el creyente instale la disciplina en todas sus acciones y se acostumbre a una regularidad constante.

Los Musulmanes pueden hacer la salah donde quieran, pero Islam anima a los creyentes a congregarse y a hacer la salah juntos. Esto es así, porque al hacer la salah en la mezquita con los otros hermanos Musulmanes, aprendemos la importancia de vivir juntos en comunidad y nos alejamos de cualquier tipo de discriminación, ya sea por la raza, el color de la piel, la nacionalidad o la condición social. Muy al contrario, Islam nos enseña a solidarizarnos unos con otros, a ayudarnos y a sentirnos una nación unida (ummah). En este ambiente de comunidad donde prevalecen las mismas ideas y objetivos, las diferencias entre individuos pueden ser superadas fácilmente y sustituidas por sentimientos de justicia y hermandad que emanan de una clara comprensión del Din de Allah.

De hecho, hacer la salah cinco veces al día es una obligación llevadera que no entraña mayor dificultad ni molestia. Dentro de las 24 horas que tiene el día, el creyente no dedica más de 24 minutos a cumplir con su obligación de hacer las cinco salah. A través de este pequeño sacrificio, el ser humano adquiere un enorme beneficio tanto espiritual como corporal.



[1].      Algunos piensan que los Musulmanes adoran la Kaaba cuando se postran en la salah. Esto es un error gravísimo de interpretación. Los Musulmanes no adoran ni la Kaaba ni la piedra negra (Jayar Al Aswad), ni se postran ni las adoran. La dirección hacia la que los Musulmanes se postran no es  hacia el edificio de la Kaaba, sino hacia el área que ocupa. Si la Kaaba se trasladase, la dirección hacía la que se postran los Musulmanes, no cambiaría. (Prof. Dr. M. Hamidullah (Introducción al Islam) pag. 108)

 

[2].      Al-Ankabut, 29:45.

 

[3].      Ahmet Böken – Ayhan Eryiğit, Yeni Hayatlar (Nuevas Vidas), I, 49.

[4].      Ahmad Böken – Ayhan Eryiğit, Yeni Hayatlar (Nuevas Vidas), I, 19. Sobre las vidas de conversos al Islam se pueden consultar los siguientes trabajos: Prof. Dr. Ali Köse, Covertion to Islam: A Study of Native British Converts, London: Keagen Paul International, 1996; A. Arı – Y. Karabulut, Neden Muslüman Oldum (Why I became a Muslim), Ankara: Diyanet Işlerı Başkanlığı (República de Turquía, Ministerio de Asuntos Religiosos) pub., 2007; Defne Bayrak, Neden Muslüman Oldular? (Why did they Become Muslims?), Estambul: Insan yayinlari, 2008.