6. Islam Considera la Justicia como la Virtud Fundamental

June 24, 2013 in La Última Religión Divina ISLAM

Allah es absolutamente justo. Ninguna de Sus acciones lleva consigo la menor carga de injusticia. Uno de Sus bellísimos nombres es al-Adl, el que ejerce la justicia absoluta.[1] Por ello, espera de nosotros, Sus siervos, que actuemos con justicia y corrección. Allah ha dicho en el Noble Qur’an:

“¡Vosotros que creéis! Sed firmes en establecer la justicia dando testimonio por Allah, aunque vaya en contra de vosotros mismos o de vuestros padres o parientes más próximos, tanto si son ricos como si son pobres; Allah es antes que ellos…” (An-Nisa’, 4:135)

Islam ordena a los Musulmanes ser justos incluso con sus enemigos:

“¡Vosotros que creéis! Sed firmes a favor de Allah, dando testimonio con equidad. Y que el odio que podáis sentir por unos, no os lleve al extremo de no ser justos. ¡Sed justos! Eso se acerca más a la temerosidad…” (Al-Ma’ida  5:8)

Nuestro Maestro el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le de la paz) nos exhortó a ser justos tanto en un estado de serenidad como en un estado de ira, y nos prometió grandes recompensas para aquellos que nos mantuviéramos firmes en este consejo.[2]

La dialéctica primordial o el conflicto básico en Islam se da entre los opresores o aquellos que apoyan la opresión, y los que actúan justamente y apoyan la justicia.

Allah afirma en el Qur’an:

Que no haya entonces hostilidad excepto contra los injustos.” (Al-Baqara,  2:193)

Para que un Musulmán pueda vivir en una sociedad, es necesario que se hayan establecido en ella la justicia y los derechos básicos del hombre. De lo contrario, cuando hay opresión, será obligación suya oponerse con todos los medios a su alcance hasta lograr que esa sociedad cambie la tiranía por la justicia. No hay más dialéctica en el Islam, socialmente hablando, que la de la justicia versus el despotismo.[3]

Por esta razón, las naciones musulmanas eran muy cuidadosas con el tema de la justicia. Un ejemplo de ello lo encontramos en la historia de la conquista de Siria: Los Musulmanes habían tomado la ciudad de Homs. Como está estipulado en el Islam, los no Musulmanes tenían que pagar la yizia (una cantidad similar al zakat de los Musulmanes) a cambio de recibir protección en caso de ataque. Poco después, Heraclio, rey de los bizantinos, preparó un gran ejército y marchó hacia la ciudad de Homs con la intención de conquistarla de nuevo. Cuando los Musulmanes se enteraron de la noticia sintieron temor y devolvieron el dinero de la yizia a los cristianos y judíos de Homs diciéndoles:

Pronto seremos atacados por un poderoso ejército y no disponemos de los medios para protegeros. Tomad pues vuestro dinero y actuar como mejor creáis, pues sois libres.

La gente de Homs respondió:

Ponemos a Dios por testigo que vuestro gobierno y vuestra justicia nos son más queridos que el despotismo y la opresión que hasta ahora hemos sufrido. Defenderemos con vosotros la ciudad contra Heraclio.

Los judíos dijeron al respecto:

Juramos por la Torah que el ejército de Heraclio no entrará en la ciudad a menos que nos derrote y nos extermine.”

Cerraron las puertas y juntos lucharon contra Heraclio, defendiendo la ciudad de Homs. Los cristianos y los judíos de otras ciudades vecinas con quienes se habían establecido tratados de paz, hicieron lo mismo y dijeron:

Si los romanos y sus aliados derrotan a los Musulmanes, volveremos a los tiempos de la opresión y el despotismo, y tendremos que enfrentarnos a innumerables dificultades. Esperamos sinceramente que los Musulmanes ganen la batalla. Cooperaremos con ellos según lo que hemos pactado.

Los romanos fueron derrotados y Allah concedió a los Musulmanes una gran victoria. Todas las puertas de las ciudades colindantes les fueron abiertas; se organizaron bailes y cantos para celebrar el triunfo y tanto los cristianos como los judíos les devolvieron la yizia.[4]



[1].      Tirmidhi, Deavat, 82/3507.

 

[2].      Tirmidhi, Deavat, 82/3507.

 

[3].      Prof. Dr. Recep Şentürk (Los derechos humanos y el Islam), pag. 22.

 

[4].      Belâzuri, Futuhu’l-buldan, Beirut 1987, pag. 187.