5. Islam Incita a Aprender la Ciencia, la Sabiduría y la Religión

June 24, 2013 in La Última Religión Divina ISLAM

Hasta hoy no ha habido ningún desacuerdo ni conflicto entre el Islam y la ciencia, ya que el Islam nunca prohibió el estudio y la investigación; muy al contrario, siempre ha incitado al conocimiento y ha hecho obligatorio el estudio tanto para el hombre como para la mujer. Por otro lado, los descubrimientos que ha ido haciendo la ciencia no sólo no han contradicho las verdades que trajo el Islam, sino que continuamente las han corroborado. ¿Por qué no se iban a acomodar estos descubrimientos científicos con las verdades del Islam? La ciencia trata de descubrir las leyes por las que se rigen las criaturas que Allah ha creado. Por otro lado, Islam es una religión divina revelada por Allah y que se ha conservado en su forma original. Así, pues, la fuente del Islam y de la ciencia es una y la misma. Por ello, conforme la ciencia se ha ido desarrollando y el hombre ha ido conociendo mejor el último mensaje divino del Creador, Su grandeza y poder se han hecho cada vez más manifiestos, al tiempo que la fe de los creyentes ha ido profundizándose. Esto nos lleva a la afirmación de que la ciencia es parte inherente al Islam.

Hay muchos entre los bellísimos nombres de Allah que expresan Su omnisciencia tanto de lo manifiesto como de lo oculto. Esto debería animar a los creyentes a participar de este atributo de Allah. Hay numerosos hadices y ayaat en el Qur’an que nos incitan a buscar el conocimiento. Allah Todopoderoso ha dicho:

“Y di: ¡Señor! Concédeme más conocimiento.” (Ta-Ha, 20:114)

“Allah elevará en un grado a los que de vosotros crean y a los que han recibido el conocimiento.” (Al-Muyadila, 58:11)

Nuestro Maestro, el Mensajero de Allah (que Allah le bendiga y le de la paz) dijo:

“Si alguien entra en un camino con el deseo de adquirir conocimiento, Allah coloca a esa persona en uno de los caminos al Paraíso. Los ángeles, complacidos con sus acciones, extienden las alas sobre él. Todo lo que hay en los cielos y en la tierra, incluso los peces debajo del agua piden que se perdone al hombre de conocimiento. La superioridad de quien posee el conocimiento con respecto a los otros, es como la superioridad de la luna con respecto a los otros astros. Los sabios son los herederos de los Profetas. Los Profetas no dejan oro y plata, dejan sabiduría. Quien tome esta herencia habrá tomado un gran regalo.” (Abu Daud, Conocimiento, 1/3641; Tirmidhi, Conocimiento, 19/2682. Ver Bujari, Conocimiento, 10; Ibn-i Mayah, Muqaddimah, 17)

“La sabiduría es la propiedad del creyente. Es su más alto privilegio tomarla allí donde la encuentre.” (Tirmidhi, Conocimiento, 19/2687); Ibn-i Mayah, Piedad, 15)

“La sed de conocimiento que el creyente siente no puede ser saciada hasta que llegue a su destino final – el Paraíso.” (Tirmidhi, Conocimiento, 19/2686)

Por esta razón, los Musulmanes toman la investigación científica como un acto de adoración. En 800 DC Ahmad en-Nahawandi comenzó las observaciones astronómicas. Más tarde se construirían grandes observatorios. Con el desarrollo del astrolabio, pudieron medir la distancia astronómica del sol, de otras estrellas y otros planetas, el tiempo cósmico, la altura de las montañas y la profundidad de los valles. Como resultado de este trabajo, las viejas constantes fueron revisadas y se crearon precisos catálogos de estrellas que recogían los nuevos hallazgos. Se pudo medir de nuevo la inclinación de la elíptica, el movimiento solar y su relación con otras estrellas. Muchos otros descubrimientos relacionados con el movimiento de los planetas fueron posibles gracias al continuo estudio y observación de los sabios Musulmanes.

Los Musulmanes utilizaron nuevos métodos al aplicar las matemáticas a la astronomía. En vez de continuos extravíos, utilizaron la trigonometría y el cálculo logarítmico, consiguiendo de esta forma medidas mucho más precisas. Alcanzaron un grado sin precedentes en el conocimiento del movimiento planetario.[1]

En un plano similar, los Musulmanes hicieron grandes descubrimientos en campos tan diferentes e importantes como la geología, la mineralogía, la botánica, la zoología, las matemáticas, la física, la química, la medicina y la farmacología, contribuyendo grandemente al desarrollo de estas ciencias. Ibn-i Sina (980-1037) fue uno de los grandes sabios que realizó descubrimientos en 29 campos diferentes, preparando el camino a los científicos europeos. Su libro de medicina Al-Kanun fi’ttib (El Canon en Medicina) fue enseñado en las universidades europeas como libro de texto durante más de 600 años. El primero en mencionar la función de la retina en el ojo fue Ibn-i Rushd (1126-1198). El trabajo sobre el ojo humano, Tazkiratu’l kahhalin, escrito por Ali bin Isa (siglo XI) permaneció como el único libro de texto sobre óptica durante siglos, y fue traducido al latín, alemán y francés. Ammar bin Ali (siglo XI) realizó una operación de ojos hace 900 años y explicó en detalle cómo quitó las cataratas en su libro Al Muntakhab fi ‘llayi’l ayn. También este libro fue traducido a las lenguas europeas más relevantes de su tiempo. Ibn-i Haitham (Alhazen) (965-1051), fue un importante físico que fundó la ciencia óptica e inventó las gafas. Ali bin Abbâs (994) realizó una operación de cáncer pionera de las modernas intervenciones quirúrgicas. Ebu’l-Kâsim ez-Zehrâvi (963-1013)  hizo de la cirugía una ciencia independiente y dibujó unos 200 instrumentos quirúrgicos explicando su precisa utilización en su libro Tasrif. La microcirculación fue descubierta por Ibn al-Nafis (1210-1288) y la explicó en detalle en un comentario que escribió sobre el Kanun de Ibn-i Sina. Akshemseddin (1389-1459) escribió lo siguiente sobre los microbios en su libro Maddet al-hayat:

Es erróneo pensar que las enfermedades afectan a la gente de forma independiente. Las enfermedades son contagiosas. Este contagio se produce debido a semillas vivas tan pequeñas que no son visibles al ojo humano.

Hârizmî (780-850) usó por primera vez el cero en matemáticas, estableciendo los fundamentos del álgebra y dándole este nombre en su libro al-Yabr wa-l-Muqabala. Ibn Musa (siglo IX) midió la circunferencia de la tierra con un mínimo margen de error. Beyrûnî (973-1051) hizo innumerables descubrimientos en varios campos, y probó que la tierra gira sobre sí misma y alrededor del sol, y midió con éxito el diámetro de la tierra tras la investigación que llevó a cabo en la ciudad de Nendene en la India. Su fórmula a este respecto es conocida en Europa con el nombre de “fórmula Beyruni”. Battani (Albategni) calculó el año solar con un error de tan sólo 24 segundos. Ismail Yawhari (950-1010) fue el primero que intentó volar. Ibn-i Firnas construyó el primer prototipo de aeroplano en el 880. Se mantuvo en el aire más de 20 minutos y tomo tierra sin mayores percances con su aparato construido con palos, telas y plumas de ave. Fue el primero en descubrir que para aterrizar convenientemente es preciso que la cola del aparato se ensanche. Razi (864-925) mencionó por primera vez el concepto de gravedad. El propio Cristóbal Colón (1446-1506) confesó que había sabido de la existencia de América por los Musulmanes, especialmente leyendo los libros de Ibn-i Rushd (1126-1198). Idrisi (1100-1166) dibujó mapas mundi hace 800 años que eran muy similares a los de hoy.[2]

A lo largo de la historia han surgido numerosas civilizaciones que han aportado importantes descubrimientos científicos y que han servido para que las siguientes pudieran desarrollarse y valerse de sus hallazgos. Unas han sido deudoras de otras. También los Musulmanes se sirvieron de anteriores civilizaciones para penetrar en los secretos de la naturaleza, y así lo manifestaron siempre con humildad y agradecimiento. A su vez, ellos aportaron enormes avances para las futuras civilizaciones. Miles de libros con importantes descubrimientos científicos fueron traducidos por los eruditos Musulmanes y no de forma indiscriminada. A sus traducciones se añadían comentarios y correcciones que sirvieron para que las generaciones futuras pudieran servirse de este conocimiento sin errores o insuficiencias.



[1].      Prof. Dr. Seyyid Húseyin Nasr, Islamic Science (Islam ve Ilim), Estambul 1989, pags. 113-134.

 

[2].      Para las fuentes y ejemplos sobre este tema ver Prof. Dr. Fuat Sezgin, Ciencia y técnica en el Islam I-V, Frankfurt, 2004; Prof. Dr. Seyyid Hüseyn Nasr, Ciencia islámica, un estudio ilustrado, World of Islam Festival Pub. Co. Ltf., Inglaterra, 1976; Dr. Sigrid Hunke, Allahs Sone über dem Abendland-Unser Arabischen Erbe, Alemania 1960; Carra de Vaux, Los pensadores del Islam, París 1923; Avicena, París 1900; Prof. Dr. Mehmet Barayktar, (La hiastoria de la ciencia y la tecnología en el Islam), Ankara 1985; Şaban Döğenö (La enciclopedia de los Musulmanes pioneros en la ciencia), Estambul 1987; htpp//www.1001inventions.com