1. Hombre, Universo y Creador

June 24, 2013 in La Última Religión Divina ISLAM

Detengámonos por un momento y pensemos. Indaguemos de dónde venimos y a dónde vamos, y conformemos nuestras vidas según lo que vayamos descubriendo. Antes de nada, debemos explorar y observar los detalles de nuestra propia creación, nuestra forma física y espiritual, los rasgos que nos hacen superiores, el universo que nos rodea. De esta forma, nuestra vida comenzará a tener sentido.

Empecemos por la tierra. Miles de plantas y árboles frutales nos ofrecen colores y formas muy distintas aunque todos se han alimentado con la misma agua. En perfecto orden, se nos presentan en una variedad exquisita e interminable. La misma semilla plantada en la misma tierra y regada con la misma agua dará pimientos dulces y picantes según una disposición que nos resulta inexplicable.

Fijémonos ahora en el firmamento y contemplemos la extraordinario estructura sobre la que se asienta. Por ejemplo, la distancia entre el sol y la tierra es de 150 millones de kilómetros. El sol, que es una estrella de tamaño medio, es capaz de contener un millón trescientas mil tierras como la nuestra. Su temperatura en la superficie es de 6.000ºC, y la temperatura interior es de 20.000.000ºC. Su velocidad de órbita es de 720.000 kilómetros por hora, lo que significa que el sol recorre 17.000.280 kilómetros en un día.[1]

Cada segundo, se produce en el sol una extraordinaria reacción: 564 millones de toneladas de hidrógeno se transforman en 560 millones de toneladas de helio. La diferencia de 4 millones de toneladas de gas es irradiada en forma de energía. En otras palabras, el sol pierde cuatro millones de toneladas de substancia cada segundo, o lo que es lo mismo, 240 millones de toneladas por minuto. Esto quiere decir que si el sol ha estado irradiando energía en esta proporción por más de tres billones de años, la materia desprendida hasta ahora debería ser de 400.000 millones de veces un millón de toneladas, lo que a pesar de la cifra astronómica no supera el 1/5.000 de la masa total que el sol tiene hoy.

Nuestro mundo ha sido colocado a una distancia tan bien calculada de esa magnífica y enorme fuente de energía, que estamos a salvo de su poderosa y destructiva acción, al tiempo que disfrutamos de su útil y necesaria energía. De ella se benefician cuantas criaturas existen en la tierra, especialmente el hombre. Envía sus rayos prudentemente y en una proporción que hace que la vida pueda existir con su asombroso equilibrio. ¡Esta operación complejísima viene desarrollándola el sol desde hace millones de años![2]

Esta magnífica estrella que acabamos de mencionar es una de las más de 200 billones de estrellas que se calcula que pueblan la Vía Láctea. A su vez, la Vía Láctea es una de las más de 200 billones de galaxias que hasta ahora han podido verse a través de potentísimos telescopios. Según los cálculos astronómicos, viajar de una punta a otra de nuestra galaxia nos llevaría cien mil años luz (la luz viaja a una velocidad de 300.000 kilómetros por segundo). Deberíamos recorrer 300.000 trillones de kilómetros para ir de nuestro planeta al centro de la Vía Láctea.[3]

Después de este breve repaso al sorprendente universo que nos rodea, ¿es posible obviar la existencia de un Creador omnisciente y omnipotente? Más aún, al contemplar este magnífico universo, comprendemos de inmediato que no ha sido creado en vano, o como un juego, sino que lleva en sí mismo su propia razón de ser. De hecho, todas las religiones, desde las más primitivas hasta las más elaboradas, hablan de un Ser Todopoderoso.[4]

Hay innumerables signos que prueban la existencia de Allah. Los que a continuación se mencionan son algunos de los fácilmente observables en nuestra vida cotidiana:

P  La formación del feto, el nacimiento del bebé y su posterior crecimiento, desarrollando un altísimo grado de inteligencia y conocimiento. Y lo que es más importante, de qué fue creado y en qué se ha transformado.

P  El relámpago que nos asusta y al mismo tiempo nos da esperanza de lluvia, haciendo que la tierra muerta vuelva a la vida.

P  El viento cuando sopla y transporta las nubes de un lugar a otro, haciendo que caiga la lluvia y se formen lagos y mares donde navegan barcos de miles de toneladas de peso, y cruceros que surcan los océanos como si fueran pequeñas ciudades llevando a bordo a miles de pasajeros.[5]

P  La provisión que toda criatura –del cielo o de la tierra- recibe diariamente.[6]

Mawlana Rûmi dijo a este respecto: “¡Oh hijo mío! ¿Qué te parece que tiene más sentido, pensar que hay un escritor que ha escrito lo que está escrito, o pensar que lo que hay escrito se ha escrito a sí mismo?” (Mathnawi, vol. 6, verso 368)

“¡Oh tú, hombre simple! Dime, ¿tiene más sentido pensar que hay un constructor –un arquitecto que ha construido la casa- o pensar que la casa llegó a existir construyéndose a sí misma? ¿Al contemplar una hermosa obra de arte tienes la impresión de que es el producto de un torpe ciego, o de un habilidoso artista que puede ver y sentir?” (Mathnawi, vol. 6, verso 369-371)

Bordados y pinturas, lo sepan o no, son productos de sus creadores. El alfarero se ocupa de hacer vasijas; modela el barro hasta que adquiere la forma deseada. ¿Puede acaso el propio barro convertirse en vasija sin la ayuda del alfarero? La madera está supeditada al carpintero. ¿Podría de otra forma cortarse y adherirse a otras piezas de madera? Sin un sastre, ¿cómo podría un trozo de tela cortarse y coserse hasta convertirse en un traje? ¡Oh tú, hombre inteligente! Sin el aguador, ¿cómo podría la tinaja vaciarse y llenarse constantemente? También los pulmones se llenan y se vacían con cada respiración. Por lo tanto, hombre sabio, tu eres la obra de arte del Único y Supremo Creador. Un día, si los velos que cubren tus ojos se caen y el nudo de los secretos se desata, comprobarás cómo la obra de arte cambia de estado en estado según lo desean las manos del Creador.” (Mathnawi, vol. 6, versos 3332-3341)

Es imposible explicar la existencia de la materia y su organización en perfecta armonía como una “coincidencia.”

El famoso biólogo y zoólogo de la Universidad de Princeton, Edwin Conklin (1863-1952) dijo en una ocasión: “La probabilidad de que la vida se haya originado de un accidente es comparable a la probabilidad de que se originara un diccionario como resultado de una explosión en una imprenta.”[7]



[1].      Prof. Dr. Osman Çalmak, Bir Çekırdektı Kaımat (El Universo era una semilla), pag. 21, 66.

 

[2].      Prof. Dr. Osman Çalmak, Kainat Kitap Atomlar Harf (El Unıverso es un libro), pag. 50.

 

[3].      Prof. Dr. Osman Çalmak, Bir Çekırdektı Kaımat (El Universo era una semilla), pag. 10-12.

 

[4].      Prof. Dr. Günay Tümer, Artículo: Din (Religión), Diyanet Islam Ansiklopedisi – Enciclopedia del Islam (República de Turquía, Ministerio de Asuntos Religiosos) Estambul 1994, IX, pag. 315-317.

 

[5].      Ar-Rûm, 30: 20-46; Ash-Shura, 42: 29-32; Ya Sin, 36: 33-41; Al-Baqara, 2:22. Así mismo ver Ibrahim, 14:32-33; Ar-Rûm, 30: 40-48; Fatir, 35:9; Al Mu’min, 40:61-64, 79; Al-Jaziya, 45: 12; At-Talaq, 65:12.

 

[6].      Fâtir, 35:3.

 

[7].      The Evidence of God, pag. 174; Prof. Dr. Vahidüddin Han, Islam Meydan Okuyor (Islam is Challenging), pag. 129.